Estrés y resiliencia celular ¡Te ocurre a diario y no lo sabes!

Una de las palabras que más se asocia al ajetreo diario de la mayoría de las personas es el estrés. El movimiento “normal” de las grandes ciudades hace que las personas estén la mayor parte del día bajo ese estímulo e influencia, resultado de una cascada de hormonas y neurotransmisores tremenda, que con el paso del tiempo generarán cambios perjudiciales para la salud.


El estrés no es exclusivo de las grandes urbes, también está presente en otro tipo de poblaciones y está en nosotros todo el tiempo; nos obliga a estar alerta y al pendiente de nuestros compromisos, a estar atentos al cruzar una calle o al subir una escalera.


Forma parte de la condición humana natural y se encuentra en el hombre desde su condición más primitiva. El humano prehistórico ya tenía estrés, lo motivaba a buscar alimento, resguardarse del frío o protegerse del ataque de animales o de otros peligros.


Entonces, si el estrés es propio de la condición humana, ¿por qué puede ser perjudicial para la salud?


Pues bien, el ser humano presenta un ciclo circadiano, el cual, gracias a una respuesta meramente química y hormonal, tiene altibajos a lo largo del día. Un ejemplo de ello es la hormona conocida como cortisol, que tiene su pico de secreción más elevado en las primeras horas de la mañana, gracias a la cual estamos más alertas y receptivos a esas horas. Esta puede ser una de las razones por las cuales nos hemos acostumbrado a estudiar y a trabajar por la mañana; ya que, hormonalmente, solemos ser más “rendidores”. Ahora, por el contrario, los picos más bajos de la cortisona se dan en las primeras y últimas horas de la tarde, los cuales coinciden con el horario de la comida o la siesta (costumbre muy arraigada en algunos países, ya que, entre otras cosas, ayuda a recuperar los neurotransmisores que se han ido gastando durante el día).


Cuando una persona tiene sus niveles hormonales, de neurotransmisores o de catecolaminas en rangos basales, se le denomina homeostasis. De manera contraria, cuando algún evento externo altera esta situación y causa estrés, disparando hacia arriba todas estas sustancias, se le denomina alostosis. La alostosis nos hace actuar de mejor manera ante alguna situación de peligro; una vez superada, nuestro cuerpo regresa a sus niveles normales. A esa respuesta positiva ante un estímulo y su posterior regreso a la normalidad se le denomina resiliencia celular. Pero, ¿qué ocurre cuando el sujeto vive en situaciones de estrés constante y no logra pasar el tiempo suficiente en estado de homeostasis? Pues ese estado de sobrestimación es la que puede conllevar peligros para la salud.


Estar en este estado de manera constante se denomina “carga alostática” o “sobrecarga alostática”, durante la cual, ocurren cambios tangibles en nuestro organismo, tan tangibles y que se pueden medir en varias pruebas de laboratorio y de exploración física.


Por ejemplo, en un sujeto constantemente estresado podremos evidenciar:


La sobrecarga alostática genera cambios importantes en la vida: tiende a elevar la presión arterial y provocar arterioesclerosis, infarto de miocardio, eventos vásculo-cerebrales, etcétera;

De igual manera genera falta de sueño y hace que este sea poco reparador, evitando que se alcancen a reponer los neurotransmisores necesarios para el día siguiente; y puede causar obesidad o diabetes mellitus. Sin embargo, uno de sus efectos deletéreos más importantes es la disminución del estado inmunológico.


Al no completarse la resiliencia celular, el cuerpo se puede ver sobrepasado por otro tipo de células anormales (células neoplásicas). Todos los días el cuerpo produce cédulas anormales (cancerígenas) que son destruidas o reguladas por nuestro sistema inmunológico, el cual, si se encuentra debilitado, no podrá hacer frente a esta situación y, por lo tanto, se podrá desarrollar un tumor.


En conclusión, ¿si se pudiera manejar mejor el estrés habría menos posibilidades de desarrollar un tumor? Sí, a pesar de que la génesis tumoral es multifactorial y el estrés solo representa una de las múltiples aristas que la componen. Algunas de estas aristas aún no las podemos controlar, como la predisposición genética a desarrollar un cáncer. Lo que sí podemos hacer es influir en otras: no fumar, llevar una dieta balanceada, hacer ejercicio o controlar nuestro estrés. Si aprendemos a cultivar la resiliencia, esto tendrá repercusiones directas en nuestra bioquímica celular y posiblemente estemos eliminando uno de los muchos factores constituyentes de la génesis del cáncer.


Afrontar los problemas con actitud resiliente nos dará muchos beneficios: incrementará nuestra autoestima, seguridad y optimismo; traduciéndose en menor carga alostática, mayor resiliencia celular y una probabilidad menor para tener cáncer.

  • Tensión Arterial 148/83mmHg o mayor.

  • Índice cintura-cadera (>0.94).

  • Colesterol total/lípidos (HDL) en suero (>5.9).

  • Hemoglobina glicosilada (>7.1%).

  • Sulfato de dehidroepiandrosterona (DHEA-S) (<350 ng/ ml).

  • Excreción urinaria nocturna de cortisol (>25.7 ug/g creatinina).

  • Adrenalina (>48 ug/g creatinina) orina.

  • Cortisol sérico elevado.


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